El pasado 14 de septiembre de 2006, la familia de Vany y yo hicimos un viaje en autobús -de 12 horas- a la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, saliendo desde la Central TAPO, del D. F. Nos disponíamos a llegar a la casa de una tía materna de Vany, quien nos daría alojamiento. Al llegar a Tuxtla, nos esperaba en la terminal el tío Rubén de Vany.

     Lo primero que hicimos fue darnos un baño, cambiarnos de ropa y desayunar para luego emprender el viaje al pintoresco y muy turístico pueblo de San Cristóbal de las casas. Ahí miramos colosales iglesias del siglo XVI, con retablos de oro y con estilos altamente barrocos en sus interiores. También puede uno encontrar toda clase de artesanías, desde ropa hasta muñecos de trapo y figuras en madera. El clima en ese lugar es un poco frío, debido a que se encuetra en un área montañosa. Y eso que está a escasos 20 minutos de la ciudad de Tuxtla.

     Después, nos dirigimos hacia Palenque, en una camioneta Durango que se había rentado previamente. Fueron unas 4 horas y pico de viaje, una carretera de peligrosas y pronunciadas curvas que nos mantenían en vela a todos, por lo cual hubimos llegado de noche a nuestro destino; ahí nos hospedamos en un hotel. Antes de dormir, fuimos a cenar a un lugar llamado "Las Tinajas", en él se pueden comer algunos platillos típicos como son las famosas chimichangas y las enchiladas chiapanecas. Al siguiente día, iríamos a visitar la zona arqueológica.





     Éste soy yo ante la caída de agua de la cascada de Misol-Ha. Una rica brisa se sentía a mis espaldas.

Toño ante la cascada de Misol-Ha

     Ahora estamos Vany y yo ante la misma cascada. Da la impresión de tener una gran cortina blanca atrás nuestro.

Vany y yo ante la cascada de Misol-Ha

Vany y yo nuevamente ante la cascada de Misol-Ha





     Ahora, éstas son las impresionantes cascadas de Agua Azul. Realmente son majestuosas. Están a 1 hora aproximadamente del pueblo de Palenque. ¡¡Cuánta belleza!!

Las cascadas de Agua Azul

     Aquí se encontraba Hideki con sus abuelos Enrique y Juanita y detrás la cascada de Agua Azul.

Hideki con sus abuelos maternos

     Hideki era sostenido por su abuelo Enrique, mientras posaba sentado en el cerco de la cascada.

Hideki ante las cascadas de Agua Azul

     Aquí nos encontramos todos ante las cascadas; en orden y con respecto a Vany: Judith (prima), Rubén (tío), Norma (tía) y Estefanía (prima); Enrique (papá), Hideki (hijo), Juana (mamá), Vanessa, yo y Juan (hermano).

Todos ante las cascadas de Agua Azul

     Éste soy yo ante las cascadas. Me sentía maravillado ante lo que estaba mirando en esos momentos.

Toño ante las cascadas de Agua Azul

Toño sentado de espaldas a la cascada

Toño sobre la cerca en Agua Azul

     Ésta es Vany recargada sobre el cerco de la cascada. Al igual que yo, ella se sentía tan alegre que lo reflejaba claramente en su rostro con una gran sonrisa.

Vany ante las cascadas de Agua Azul

     Aquí estamos Vany y yo, disfrutando todavía del carácter paradisíaco de ese lugar. La verdad da la impresión de que no queríamos marcharnos de ahí.

Vany y yo ante las cascadas de Agua Azul

     Al final de nuestro exhaustivo recorrido por las cascadas de Agua Azul, entramos en un pequeño restaurante de ahí mismo para comer (¿o cenar?) unas ricas mojarras fritas y unas quesadillas. Es de notarse a leguas que el hambre era leonina.

Comiendo en las cascadas de Agua Azul





     Aquí estamos en un restaurante de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez. Lo típico del lugar son: la sopa de chipilín con bolita, la tortilla de huevo con camarones secos y plátanos fritos y, los tamales de mole, chipilín y bola.

Desayunando en Tuxtla

     Éste es Hideki sentado en una periquera, jugando con sus llaves en tanto los demás tomábamos el desayuno.

Hideki en una periquera





     Una vez que salimos del restaurante, nos dirigimos al pueblo de Chiapa de Corzo, en donde se encuentra el impresionante Cañón del Sumidero.

     Aquí estamos Hideki y yo a punto de abordar una lancha para dar un paseo por el río Grijalva, dentro del cañón. Era importantísimo que todos nos pusiéramos unos chalecos salvavidas... ¡¡Por si la de malas!! Eran 200 m. la profundidad máxima del río.

Hideki y yo abordando la lancha

     Aquí se puede ver al pequeño Hideki ya dentro de la lancha, tal vez preguntándose "¿Y ahora...? ¿A dónde me llevan éstos?"

Hideki en la lancha

     Hiciera calor, hiciera frío, no importaba, Hideki era muy puntualito si de comer se trataba. ¿Qué bueno, no? Más de uno se preocupaba porque pudiese perder el apetito.

Hideki tomando mamila en la lancha

     Yo parecía feliz de la vida. En cambio el pequeño Hideki parecía más bien como resignado y es que nunca le ha gustado sentirse atrapado entre cobijas, mucho menos dentro de un chaleco salvavidas, pero... ni modos, era necesario.

Hideki y yo en la lancha

     Aquí vamos Vany, Hideki y yo iniciando el paseo en lancha sobre el río Grijalva

Vany, Hideki y yo en la lancha

     Ahora sólo aparecemos Vany y yo porque Hideki empezó a asolearse y se pasó para atrás con sus abuelos, quienes le cubrirían del sol.

Vany y yo en la lancha

     A mis espaldas se mira un puente enorme el cual es parte de la carretera para llegar a Tuxtla. Es impresionante pensar que pasen vehículos a través de él y que sus ocupantes, al voltear a ambos lados sólo miren un abismo con agua al fondo.

El puente a mis espaldas

     Éste es el río Grijalva, profundo, misterioso y muy respetable. Muchos han intentado saltar en paracaídas desde lo alto del cañón y... bueno, creo que no podrán contárselo a nadie jamás.

El río Grijalva en el Cañón del Sumidero

     Aquí se puede mirar una cueva en donde habitan murciélagos y debido a la insuficiencia de oxígeno en su interior, además de otras sustancias tóxicas para el ser humano que segregan esos animales, sólo la pudimos apreciar de lejos. ¡¡Lástima!!

La cueva de los murciélagos

     Más adelante, nos detuvimos ante otro sitio llamado "la Cueva de colores" y nos enteramos de que dichos colores se forman de manera natural gracias a la humedad y con el tiempo. ¡¡Increíble pero cierto!!

El nicho de la Cueva de colores

     Sí, sí es lo que parece a lo lejos, un cocodrilo. Observa atentamente el gráfico.

¡Mirad, un cocodrilo!

     Al paso salió otra gran maravilla que es el llamado "Pino de Navidad", formado de manera natural a través de los años y del cual, en la parte alta brota una bellísima cascada.

Acercándonos al Pino de Navidad

     ¡¡Qué maravilla es el Pino de Navidad!!

El Pino de Navidad

     Al pasar por debajo de la cascada, se siente bien suave la brisa.

La cascada del Pino de Navidad

     De lejos se aprecia una "V" formada por las pendientes de las colinas que se encuentran a sendos lados del río.

La V del Cañón del Sumidero

     Aquí estamos Vany, Hideki y yo dentro del Hotel Camino Real, de Tuxtla. Jajajaja, sólo nos tomamos una foto en el vestíbulo (o lobby como le dicen los gringos y los fresas).

Vany, Hideki y yo en el Hotel Camino Real

     Y por fin, aquí veníamos en el autobús ya de vuelta a la Ciudad de México, con un dejo de nostalgia por las maravillas que miramos en Chiapas.





     Vale la pena visitar este estado que tiene muchas cosas que ofrecer al mundo. ¡Visítalo!